"El fútbol te devuelve lo que le das". Este sencillo pero profundo mensaje se menciona estaba escrito en la camiseta de los jugadores del Barça, resume lo que entregan ellos, una generación, no solo buscando triunfos como el de ayer en el histórico estadio de Wembley, sino fundamentalmente para imponer la supremacía de un sistema y la defensa de una identidad. Es la marca del Barcelona de España que deja una huella histórica.
Sin duda en cualquier ámbito de la vida es afortunado quien ama lo que hace, porque gana o recibe satisfacciones superlativas, en este caso muchos afortunados se han unido profesionalmente para “jugar futbol”, esa es la fuente de una alegría que contagia, y luego se han entregado radicalmente a sus convicciones para: "defender su forma de entender el fútbol".
En la competencia cotidiana, siempre habrá quienes no aceptan el posicionamiento que obligadamente esta genera, porque perder a nadie gusta y menos observar sus retorcidas justificaciones, pero por suerte para el deporte, hay quienes se acostumbraron a ganar sin miedo a perder, buscando otros caminos para marcar una época, porque su concepto de triunfo y derrota va mas allá del resultado. El partido de ayer no solo definió al nuevo campeón de Europa, sirvió sustancialmente además para dirimir que la filosofía culé es superior y no le llegan los dardos de la impotencia y frustración de sus detractores, a los cuales el fútbol les ha devuelto lo poco que le han dado.
Vale mencionar que el Barça pudo ser campeón europeo por tres años consecutivos, pero el resultado del año pasado no se dio, sin embargo, nadie dudó que jugara el mejor fútbol en el planeta aunque otro haya sido el campeón, ayer se ratifico aquello y mucho más porque se reconocieron sus alas para acceder al lugar de los inolvidables así dejen de ser campeones algún día. El fútbol le devuelve a cada quien lo que le da, en este caso un lugar preponderante en su historia.
Vale mencionar que el Barça pudo ser campeón europeo por tres años consecutivos, pero el resultado del año pasado no se dio, sin embargo, nadie dudó que jugara el mejor fútbol en el planeta aunque otro haya sido el campeón, ayer se ratifico aquello y mucho más porque se reconocieron sus alas para acceder al lugar de los inolvidables así dejen de ser campeones algún día. El fútbol le devuelve a cada quien lo que le da, en este caso un lugar preponderante en su historia.
En los años venideros no se podrá hablar de la razón de ser del fútbol, sin dejar de ponderar la alegría y convicciones de esta generación del Barça, desde ayer son miles y miles en todo el planeta que se sumaron no al ganador sino a su credo y a su causa, la que fue proclamada y enarbolada por los aficionados que lo acompañaron a Wembley, en sus corazones solo había un sentimiento y una consigna: "We love football", amamos el futbol, nós amamos o futebol, noi amiamo il calcio, nous aimons le football y cuantas expresiones similares de emoción que puedan expresarse en todas las lenguas, desde el adinerado hasta quien no lo tiene, sea creyente o ateo, se han unido para sonreír y aplaudir, ¿qué más podemos pedir?
La trascendencia global de quienes ayer no solo buscaron vencer sino además convencer con sus principios, ha sido una sentencia a quienes desde sus conductas grises se atrincheran en la medianía del “resultadismo” y reconocen ganan mucho apelando a cualquier medio para sumar unos puntos o un torneo mas para el olvido. No solo es ganar sino que hay que saber ganar, para eludir un mal que amenaza con desvincular la virtud del éxito, tan parecido a la carrera de ciertos políticos codiciosos y soberbios, buscando el poder por el poder. El perjuicio es igual, los primeros porque les pagan muy bien por dar muy poco y los segundos porque los fletes que cobran son muy buenos aunque digan que la carga de la política es pesada y por eso poco o nunca entregan algo bueno para sus pueblos.
La frase resume algo que trasciende los linderos del fútbol, porque se centra en el respeto a los demás por el camino del amor a lo que se hace, es el ideario del Barça.
La frase resume algo que trasciende los linderos del
Si la vocación y la virtud es algo inexplicable para algunos, no menos es la frustración al ver que no se extingue pese a sus nefandos esfuerzos. Ayer al terminar una contienda perdida, dos personajes le dieron una lección a un técnico como Mourinho, dedicado mas a inmunizarse de las derrotas, contaminando el ambiente con sus victimismos y argucias, para desmerecer y no recocer al que lo supera. El primero ha sido quien se retiraba con grandes reconocimientos del fútbol como Van der Sar tras la derrota de su equipo, ha reconocido que "A veces en la vida conoces a gente mejor que tú. Y este es un ejemplo" y luego el técnico Ferguson que lleva décadas dirigiendo con mucho éxito al equipo que fue vencido, admitió que "Nadie nos ha dado una paliza así y se merecen la victoria".
La discusión ya no es quien fue superior, ahora se inicia un debate respecto a si estamos o no frente al mejor equipo de la historia, muchos ya lo sostienen y otros por lo menos hacen reflexivas comparaciones con los "elegidos", signo que el lugar de los grandes no es para todo el que gana una copa, sino para quienes alimentan la razón de ser del fútbol y no una mutación penosa de acuerdo a sus intereses.
Hoy mas que nunca volvemos la mirada a quienes han contribuido a su engrandecimiento, porque lo deportivo y lo humano generan valores que superan las cotizaciones de los jugadores. Será imborrable el gesto de Carles Puyol, capitán e histórico del club, destinado a alzar su tercera copa, pero cedió su lugar a Abidal, momento sublime al que renunció pero que sirvió para fijar en millones de retinas una aspiración mayor como seres humanos: ser solidarios.
No son solo los resultados sino las motivaciones y el camino que le das a ellas para lograr TRIUNFOS CON GRANDEZA, aquellos que el ruido algún momento dejara de acompañarlos ,pero nunca estarán solos, a este Barça siempre se lo recordará. No solo su afición, sino el fútbol para devolverle lo que le ha dado.! Porque al talento se decidieron ponerle virtud!
EDUARDO ÁLVAREZ G.






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