martes, 25 de diciembre de 2012

¿La culpa de Pedro la paga Rafael?




¿La culpa de Pedro la paga Rafael?

Si reivindicamos la política como un instrumento para enfrentar los retos que tenemos como sociedad en revolución, bajo ningún motivo puede mantenérsela como una actividad bajo sospecha y menos que los pulsos por el poder que la caracterizan, vuelvan a dirimirse en una instancia con capacidad de judicializar lo político o politizar lo jurídico, o según lo dicte el fuero interno de una persona en su apreciación de lo que considere bondad o malicia de sus semejantes.

“Ha sido una gran vergüenza para la revolución ciudadana, pero sabremos convertir la vergüenza en fortaleza y aún mayor moral revolucionaria” expresó Rafael Correa, a propósito de su primo, Pedro Delgado. ¿Habría sido una vergüenza propia mantenerlo en ejercicio ilegitimo en una función pública?, sin duda que si y lo político es reconocer el error, pero queda la tarea del estadista en ir por propia voluntad mas allá haciendo todo, para que no vuelva a ocurrir, así se construye la institucionalidad del Estado, se reafirma la confianza ciudadana, factores vitales para mejorar la gobernabilidad, algo imprescindible por encima del estado de ánimo de los seguidores.La moral de la sociedad puede bajar aunque suba la de una organización política.

Sin duda apestan los aduladores de oficio en el poder de turno,  beatificando o satanizando en nombre de lealtades que no son reciprocas, ofreciendo homenajes de ocasión a la medida de la concupiscencia, pero más que nausea dan pena si pretenden a estas alturas  considerar agravio a la honra el criterio divergente en los asuntos públicos. ¿Será que no es posible ver el fin de la crisis de valores, o salir del pasado aun con el paradigma de la revolución ética?.

La verdad nunca ha sido ni será ofensa, pero si las verdades a medias o las verdades ocultas que caracterizan a la lucha por el poder, de allí que la diferencia se marcará en la forma como se procesa la opinión ajena en los asuntos de Estado. La inocultable realidad por un tiempo soslayada, hizo renunciar al funcionario admitiendo una “INMADUREZ”, esto es una alerta a quienes no admiten que este es un síntoma  de una afectación mayor al proceso y que es el momento de hacer viable RENUNCIAMIENTOS MAYORES, PARA REIVINDICAR LA POLÍTICA así como lo considerado REVOLUCIONARIO,  renunciando esencialmente a lo que consideran suyo y conceptualmente no lo es, cambiando de  actitud para bajar el ego que los induce a resentimientos mayores para procesar la opinión divergente, porque solo atisban a visualizar una disyuntiva: "estás con ellos o contra ellos".

La polarización que logró posicionar el proceso y su identidad, aunque parezca imposible también tiene límites, hay que entenderlo para evitar perder el equilibrio como ha sucedido en el caso Delgado y otros que pueden aparecer.

La razón es muy visible: "no hay infalibles ni puros en el gobierno" y lo que está fuera del gobierno no todo es malo. Aun aceptando el extremismo de que la revolución está por encima de todo, "porque todo dentro de ella y nada fuera de ella", no todos los revolucionarios están a la altura de aquel anhelo y mas de uno es prueba de aquello. 

No cabe pedir al Secretario de la Administración Pública que dio fe al posesionar a Delgado, haga redadas policíacas en las instituciones, o salga a las calles como vigilante de tránsito en cacería presumiendo culpabilidades, porque   lo mas probable es que la potestad delegada a los controladores terminen en muy bien ocultadas concesiones personales de estos con los reos de sospecha. Pero, si es posible en el mandatario asumir a tiempo un mínimo de duda como la que se guarda con quienes no son de su grupo y se los asume como corruptos, mediocres y que "no pueden dar lecciones de moral a la revolución", con carácter de asunto de estado.


Lo sucedido deja lecciones, el dogmatismo o sectarismo es un riesgo, tanto o más que la común falsa lealtad, que al interior  haci difícil distinguir entre lealtad y complicidad, lo revolucionario empieza por la mente y construye una actitud digna, sino no sirve, porque la “inmadurez de uno termina públicamente siendo solemnemente de todos”. Este caso fue de un familiar en el poder y no cualquier funcionario recomendado por el amigo del amigo del amigo, a quienes la revolución se ha probado no les otorgó virtud y menos la buscaron al ejercer una función.

Por todo esto, ni la inmoralidad ajena o las miles de obras con dinero público, pueden ser factores de distracción en el enfoque de lo vital en la denominada Revolución Ciudadana: ser mejor sociedad y no solo reconstruida en lo físico, será difícil sostener el cambio en la correlación de poder de nuestra sociedad, si la ética y lógica del poder termina igual a la del pasado, legándonos finalmente solo un cambio de mano en el poder. Por eso identificado el abuso del funcionario hay que analizar los usos del poder que se lo permitieron, prolongando innecesariamente su presencia, inmunidades y privilegios, sin duda otras funciones del Estado tampoco funcionaron, por una falta de vocación política para ejercer sus potestades.

No pueden quedar cabos sueltos, ni imágenes borrosas donde el imputado ha confesado, porque hace difícil distinguir donde termina la vergüenza ajena y empieza la propia, en casos ya conocidos y recientemente como el de Delgado, donde su inmanencia revolucionaria ya es pasado, queda pendiente la trascendencia de sus actos y especialmente los de quienes tomen los correctivos, para que esto no se repita.

Cuando hay voces que piden silencio o advierten unos sutilmente y otros en forma desembozada, que conlleva riesgos y consecuencias decir la verdad a tiempo, entonces hay un solo camino: decirla con mayor vigor e insistencia, mas aun si queremos el éxito del gobierno, sino mañana será más grande la pretensión de cualquier ocasional ilegitimo en el poder, que se mantiene o avanza haciendo apología del silencio de los demás. Peligrosamente el marketing se lo puede estar confundiendo con la buena política, apelando a la maniobra táctica para encubrir los errores, dejando ver solo síntomas pero ocultando la verdadera naturaleza de una vieja enfermedad: la política al ejercer el poder es una actividad casi siempre bajo sospecha.

Entonces donde no todo se lo pudo negar o refutar, no todo se lo puede creer, sino se cambia de rumbo, ya sabemos lo que pasará:  la culpa de Pedro o Juan  la pagará Rafael y el pueblo ecuatoriano..!

EDUARDO ALVAREZ G