Será tan inolvidable para Correa el 30-S donde capitalizó a su favor un
intento de golpe a su mandato constitucional, como el 23-F donde él mismo se
dio un golpe con su lógica absolutista, pasando del auge de su personalidad al
declive de sus argumentos en busca de una explicación.
La primera explicación a la derrota donde no la esperaba, fue pedir autocrítica a su organización “el sectarismo, exceso
de confianza pero también la falta de estructura de organización, habido mucha
falsedad, las cosas hay que llamarlas por su nombre” (Rafael Correa), horas
después se consideró triunfador subido en la camioneta de la “tendencia”, para luego
volver a sentirse invencible, desafiando a quienes lo consideren perdedor.
‘‘El señor Nebot ha dicho que esta es la derrota del presidente, bueno si estoy tan derrotado y desgastado que apoye la reelección y nos vemos en el 2017, qué le parece, le hago esa propuesta". Rafael Correa, presidente
‘‘El señor Nebot ha dicho que esta es la derrota del presidente, bueno si estoy tan derrotado y desgastado que apoye la reelección y nos vemos en el 2017, qué le parece, le hago esa propuesta". Rafael Correa, presidente
El reto para distraernos a todos, fue desafiar a cambiar la
Constitución y permitirse la reelección indefinida, asumiendo que no tiene
rival a la vista, y con su popularidad puede exigir poder sin límites ni
plazos, al respecto creo ha sido más un arrogante desafío a la ciudadanía, el direccionar
sus deseos a una Asamblea Legislativa incondicional para que modifique la
Constitución, lo que corresponde decidir libremente al pueblo en referéndum,
PORQUE POR LA MISMA VIA SE APROBO LA CONSTITUCION.
Un refrán popular recuerda “el que se pica pierde” y la “marca invencible” quedó claro no admite resultados a medias, donde la cancha esta inclinada y el árbitro a su favor y menos se la considere perdedora cuando ubicó su persona como mascarón de proa para conquistar prefecturas y alcaldías. Al ilustrado criterio del economista no escapa la dimensión de la derrota si hace una relación de recursos (poder, dinero, influencia) y votos logrados por AP, es la peor de las noticias, mucho dinero para pocos resultados y con el halo de campaña de oligarquía más no de un partido de izquierda.
Desubicado en el escenario inesperado, concibió apresuradamente
como riesgos a su proyecto de poder a los alcaldes electos de Quito y Guayaquil,
los descalificó para revivir fantasmas y crear villanos, al viejo estilo que elude
construir consensos para mantener imposiciones, no analizó su actitud, conceptos y estrategia, tras el revés omite aún la posibilidad de una
duda ciudadana sobre ¿Qué desea él con el poder total?, ignoró el
cuestionamiento al reciclaje de políticos de la partidocracia o la
incondicionalidad de quienes escogió para gobernar en lo local desde un
centralismo disfrazado de orden racional planificador.
El elector ya no encontró diferencias entre el pasado y el
presente, su discurso anti partidocracia murió al acoger actores, replicar medios
y fines del orden anterior a su “revolución”, incluso desalentó la militancia de su organización que migró a
otros partidos, presidente si habló de deslealtad el 23-F ¿a quién se lo señala?
El gobierno local requiere liderazgos y no empleados del presidente
termina siendo otro mensaje en las urnas, nadie duda de la imagen poderosa de Correa
pero a la vez terminó por desaparecer a sus candidatos, percibidos como
instrumentos de un temperamento más que impulsores de una propuesta de ciudad y
sociedad, la pisada en el acelerador de Correa en Quito y Guayaquil con sus
poder mediático no sirvió, el autoritarismo mostrado al realizar la ultima
sabatina desapareciendo la menoscabada autoridad del Consejo electoral, selló
la lapida donde la ciudadanía quiere enterrada la soberbia y el orgullo, el
utilitarismo y la manipulación que podría hacer peligrar el futuro de sus
sociedades.
Fue inevitable la comparación con la situación de convulsión
en Venezuela aunque las condiciones sean distintas, esta vez el miedo al futuro
lo generó correa y no el miedo de volver al pasado con la oposición, se
cuestionó la concentración de poderes, el arrasar de medios no afines, la construcción
de una idea única, la intolerancia y aplicación ágil de la ley para quienes
piensan distinto dejaron en claro que existen privilegiados y satanizados. El
voto fue un detente al sectarismo y excesos de poder que desafíen la paz de
nuestro país.
Decía Benjamín Franklin “El orgullo que se alimenta con la
vanidad acaba en el desprecio”, entonces
el correismo se encontró al frente el 23-F la tarea de contener el revanchismo
que cosecho al sembrar descalificaciones, burlas e inequidades, por quien está
claro no le basta superar a sus adversarios sino hacer escarnio de ellos. Ahora
toca mostrar a Correa, actitud para procesar la no satisfacción de sus deseos,
redefinir lo que es perseverancia y puede ser soberbia en su lucha por más poder,
que el poder tiene límites y plazos, así controle instituciones para
interpretar las leyes a conveniencia. Es hora de unir con sensatez a la
tendencia, despolarizar la sociedad y no
dividir más con autosuficiencia.
Se habrá preguntado el presidente ¿en qué momento la revolución
ciudadana se decantó por el correismo y hace fallido el proceso, porque
renuncia a generar nuevos líderes?, ¿en qué momento la partidocracia migró a
PAIS y la convirtió en una residuocracia correista?, de seguro buscando
gobernabilidad desapareciendo o
descalificando la oposición, termino reviviendo a Nebot e impulsando a Rodas, así
las ciudades que serian el emblema de su victoria terminaron siendo el temor de
una resistencia, justo cuando el
gobierno anuncia días difíciles en lo económico por lo tanto en lo político.
Correa aun sigue queriendo hacernos creer que una ciudadanía bien
informada, es la que lo escucha mil
veces sin contradictor la misma versión oficial ya por 7 años, con el voto del pueblo
el 23-F el modelo del garrote mediático dejo de ser un modelo exitoso, porque genera
dudas y hastío, la ciudadanía rechazó en las urnas esa modalidad que no rinde
cuentas sino que se echa flores a sí mismo innecesariamente. Es hora de evaluar
la inquisitoria institucionalidad que
interpreta la ley para callar a la oposición y ponderar al gobierno, no nos
imaginamos un gobierno futuro perfeccionando esta mecánica que oprime para
tomarse la revancha. En esa guerra la primera victima ha sido y será la verdad.
A cada acción hay una reacción, la primera no fue la mejor
presidente, tomando en cuenta que ningún alcalde desea pelearse con el gobierno,
por lo tanto el camorreo es innecesario, peor aun los epítetos lanzados contra
Rodas y su círculo como también a Nebot después de haberle agradecido tanto en el
2006, la lucha política hace inevitable confrontar ideas y posiciones mas no
alentar enfermizos temores o rencores por no encontrarse usted a sí mismo, sin
duda talento y voluntad no le hacen falta, sus éxitos así lo prueban, quizás
sea de calibrar los propósitos y los mecanismos para lograr gobernabilidad, sin
pensar en cero oposición o queriendo poseerlo todo sin tiempo límite ni plazos
y menos con una organización poco
deliberante que renuncie al proceso de generar nuevos liderazgos.
EDUARDO ÁLVAREZ G



