Buscando el poder político nadie
está libre de pecado y menos de la
tentación a “sacrificarse” indefinidamente por la patria, expreso esto porque
en la Asamblea Legislativa a propósito del trámite de la Ley de Comunicación,
la prioridad no fue el mandato ciudadano expresado en referéndum sino el deseo incontrolable de reelegirse por parte de algunos Asambleístas, que supuestamente garantizan una
mayoría al régimen.
Queda ratificado que en tiempos
de revolución o de la partidocracia, la
negociación será siempre la esencia del poder legislativo llámese como se
llame (Asamblea o Congreso), luego encontramos repuestas a una antigua interrogante ¿A MAS PODER MENOS CONVICCIONES? (artículo
publicado el 18-julio-2011), resulta ser que algunos asambleístas quieren seguir
en el poder pero cada día con menos convicciones, negociando su voto
encontraron la oportunidad de garantizar su continuidad en la Asamblea.
Entonces la revolución se cocina
a fuego lento, porque los infaltables concupiscentes del poder, no tienen el corazón ardiente sino estómagos que le gruñen, deciden cuando se sube la llama revolucionaria o se la baja,
cuando votan o se ausentan, cuando hay revolución o involución, hábilmente perfuman la miasma de su codicia negociando ser el voto 63 del gobierno en la Asamblea.
Cuando publicamos REFLEXIONES Y
AUTOCRITICA decíamos que “el tiro más
letal es el que sale disparado desde la propia trinchera” y en esta ocasión el "normal" chantaje no solo vino de afuera sino de adentro, dejando
colgado con sus acuerdos y negociaciones al Presidente de la Asamblea conocido con el apelativo del "corcho”, porque siempre flota y se mantiene como insustituible. Aunque se lo disimule, hemos presenciado una
vergüenza mas y una revolucionaria aspiración menos, porque los deseosos de
reelegirse no han entendido aquello de "Captar el poder político, para así
transformar las relaciones de poder en función de las grandes mayorías"
(Rafael Correa).
El mayor reto entonces no es aprobar la Ley de Comunicación sino impedir todo intento de chantaje que haga evaporar el denominado eje ético de la Revolución ciudadana, porque esta a la vista la posibilidad de que la Corte Constitucional dicte una ley provisional y establezca un plazo para que la Asamblea se pronuncie sobre un mandato ciudadano, para cortar de raíz nuevos intentos de retorno al pasado, no se trata de arrogarse una función sino impedir que se bloquee la voluntad popular, dilatando indefinidamente hasta abrir camino para el chantaje.
El mayor reto entonces no es aprobar la Ley de Comunicación sino impedir todo intento de chantaje que haga evaporar el denominado eje ético de la Revolución ciudadana, porque esta a la vista la posibilidad de que la Corte Constitucional dicte una ley provisional y establezca un plazo para que la Asamblea se pronuncie sobre un mandato ciudadano, para cortar de raíz nuevos intentos de retorno al pasado, no se trata de arrogarse una función sino impedir que se bloquee la voluntad popular, dilatando indefinidamente hasta abrir camino para el chantaje.
Admito mi pertenencia a una Izquierda cada vez mas exigente consigo misma, que aspira ver cambios profundos y no solo victorias electorales, creo en un proceso ciudadano revolucionario antes incluso de que aparezca el Movimiento PAIS desde mi anterior blog Poder Ciudadano y me ratifico en que el Poder Ciudadano es el contrapeso natural del poder político oficial y no debe ser absorbido o adscrito a él, para evitar caer en la ilusión de una revolución sin ciudadanía, porque no sirven sus mandatos aun en el proceso de transición hacia una post partidocracia.
Debemos fomentar ciudadanía desde las organizaciones políticas con una nueva lógica del poder, pero ¿cuanto realmente ha cambiado la concepción de organización política al servicio de la ciudadanía?, pareciera que no mucho si se permite el viejo embuste electorero, fagocitado cada vez mas en el inescrupuloso marketing que hace aparecer como probo lo que no es, como lealtad la sumisión e incondicionalidad y como representativo lo que no lo es, porque su origen no está en la igualdad de oportunidades para sus militantes y adherentes para elegir y ser elegidos. De allí se explica porque la discrepancia a la medida esta a un paso de la disidencia o el adulo para sobrevivir.
Es posible aún observar los mismos rostros aferrados al poder, la costumbre de ciertos dirigentes a ser sucedidos únicamente por sus hijos y nietos, cual destino fatídico de pueblos cuya historia es ser gobernados por los hijos de las estatuas. ¿Donde quedó el valor de las bases partidistas?, la rutina responde que donde siempre han estado, pero una revolución ciudadana está obligada a cambiarlo y que mejor oportunidad para evaluar la verdadera lealtad a la revolución de ciertos asambleístas al proceso. Lo sucedido no solo es una derrota legislativa sino una derrota política, es una alerta de pérdida de rumbo de la organización, no solo para escoger sus representantes sino sus aliados coyunturales, aunque se admita que en amores prestados no hay traición.
Debemos fomentar ciudadanía desde las organizaciones políticas con una nueva lógica del poder, pero ¿cuanto realmente ha cambiado la concepción de organización política al servicio de la ciudadanía?, pareciera que no mucho si se permite el viejo embuste electorero, fagocitado cada vez mas en el inescrupuloso marketing que hace aparecer como probo lo que no es, como lealtad la sumisión e incondicionalidad y como representativo lo que no lo es, porque su origen no está en la igualdad de oportunidades para sus militantes y adherentes para elegir y ser elegidos. De allí se explica porque la discrepancia a la medida esta a un paso de la disidencia o el adulo para sobrevivir.
Es posible aún observar los mismos rostros aferrados al poder, la costumbre de ciertos dirigentes a ser sucedidos únicamente por sus hijos y nietos, cual destino fatídico de pueblos cuya historia es ser gobernados por los hijos de las estatuas. ¿Donde quedó el valor de las bases partidistas?, la rutina responde que donde siempre han estado, pero una revolución ciudadana está obligada a cambiarlo y que mejor oportunidad para evaluar la verdadera lealtad a la revolución de ciertos asambleístas al proceso. Lo sucedido no solo es una derrota legislativa sino una derrota política, es una alerta de pérdida de rumbo de la organización, no solo para escoger sus representantes sino sus aliados coyunturales, aunque se admita que en amores prestados no hay traición.
Sería un error condicionar el
proyecto político a la agenda
legislativa, como sucedió con lo que se estigmatizó como “partidocracia” cuyas
victorias en el Congreso al final fueron el origen de su derrota, por acumular poder torciendo principios aun por "única ocasión", vale aprender de la experiencia ajena y
no solo ver la paja en ojo ajeno sin darse cuenta de la viga en el propio. Si
alguna duda existe del deterioro institucional, no hay que hurgar mucho para encontrar “endiosados legisladores con ideologías de ocasión”, apelando a los mas nauseabundos
acuerdos o sumisiones y por cualquier troncha, ellos no han sido un avance para la democracia sino
un paso adelante y dos atrás, ¿queremos mas de lo mismo?
¿Cómo hacer que la derrota se
convierta en victoria?
Primero debemos recordar el éxito
de Rafael Correa, ganando las elecciones presidenciales sin contar con listas
de Diputados, luego el impulso de su liderazgo para lograr una mayoría aplastante de Asambleístas que elaboraron la nueva Constitución, es decir no puede condicionarse
el proceso porque el reparto de candidaturas no satisfaga a todos los que
quieren reelegirse, ellos son parte del proceso pero no su esencia ni su principio ni final. Por ello sugiero que analicen en su Convención Nacional una medida
radical coherente con el carácter revolucionario del proceso ofrecido: LA OBLIGATORIA RENOVACIÓN DE CANDIDATURAS, que permita el surgimiento de nuevos cuadros, en
otras palabras dejar correr las aguas y evitar estancamientos, para superar las diferencias y cortar los apetitos de quienes a mas
poder han perdido sus convicciones.esto pateará una vez mas el tablero político, camino por el cual Correa ha conseguido sus éxitos.
Esto no significa desconocer la
valía y lealtad de muchos Asambleístas, sino más bien fortalecer una organización
democrática, pluralista e inclusiva, cuya dinámica renovadora será la garantía de su
fortaleza. Llegará para los leales y capaces, el momento de volver luego de un
periodo al menos, así forjaremos lideres y no caciques, generamos espacios
democráticos y no permitimos feudos, superamos los vicios del pasado y no los
repetimos, por ejemplo legisladores que se mantuvieron décadas y a la larga con
pocos frutos para sus organizaciones ya casi desaparecidas y lo mas evidente su
sacrificio no fue por la patria sino a lo mucho para su personal buen vivir.
Con seguridad la experiencia es
necesaria, pero no implica caer en el error de creer que hay imprescindibles, por
ese camino veremos solo una revolución a fuego lento, hay que impedir el
alineamiento acrítico hacia ese error y al vacío por el cual no hay equidad
para el ejercicio de los derechos a elegir y ser elegidos de todos los
ciudadanos militantes, si bien es cierto se teme un resquebrajamiento en
elecciones primarias, estas no deben desecharse o ser reemplazadas por voluntades
cupulares donde se proclama una revolución ciudadana.
No hay que temer el cambio y
menos aceptar como algo normal los errores de los mejores amigos, siempre habrá
costos en las decisiones políticas, la diferencia radica en que unas conllevan beneficios para pocos y otras garantías para las mayorías y sin duda democratizar las organizaciones políticas si es avanzar.
El presidente Correa y su círculo
ya saben lo que es ejercer el poder, con sus aciertos y errores, ahora queda demostrar el legado revolucionario para fomentar una cultura política diferente, factor primordial para nutrir el cambio en la sociedad, hay que ir mas allá de los presagios
y buenos augurios que sientan para las próximas elecciones, porque una elección
mas ganada, nunca esta libre de los que pueden convertirla en una oportunidad perdida.
EDUARDO ÁLVAREZ G.