Ideas y criterios, para ejercitar nuestro espíritu crítico, abrir espacio al debate que genere repuestas, preguntas y propuestas. Cuestionando toda forma de creencia inercial o verdad única que afecte la dignidad humana.
jueves, 26 de enero de 2012
viernes, 6 de enero de 2012
LAS COSAS POR SU NOMBRE, PRESIDENTE PIÑERA
Por
decreto no se puede cambiar la historia y el propósito “equilibrista” del Gobierno del
Presidente Piñera, equivoca el camino si busca consolidar otra versión distinta a la verdad histórica, reinterpretando
los conceptos de democracia y dictadura y difundirlos en los textos escolares para
referirse al gobierno de facto de Augusto Pinochet.
Probablemente
en un debate político sean previsibles los sofismas y las más truculentas
interpretaciones, sin que falte el intento de cerrar una herida abierta
invocando el olvido, pero es muy distinto pretender CAMBIAR LOS HECHOS y cerrar la
pinza de la impunidad e injusticia, aquello de por si es oprobioso y mucho mas
si formará parte del proceso de enseñanza-aprendizaje en niñas y niños chilenos, a los
cuales se los formará para NO DECIR LAS COSAS POR SU NOMBRE, PORQUE A ALGUIEN
INCOMODA. ¿Será aquello una formación en valores de sensatez y prudencia?
Hay
referentes indiscutibles en el pueblo chileno de su alto nivel cultural, nos ha entregado para orgullo
de nuestra América dos premios Nobel y tanto Gabriela Mistral como Pablo Neruda,
no entenderían una paz ausente de justicia y menos que las nuevas generaciones se
alimenten de conceptos manipulados, dejando una puerta abierta a la falacia y el embuste de quienes buscan traguemos ruedas de molino como aquella de buscar la reconciliación de una sociedad olvidando el principio de la igualdad de todos ante la ley, mas allá de la coyuntura de poder una sociedad nunca debe renunciar a principios en los cuales se fundamenta su desarrollo y supervivencia.
Es obvio
que lo democrático no se agota en el origen de un gobernante, sino que también
se legitima en el ejercicio del poder y en el caso de Pinochet no hay duda de
su origen fáctico como de su ejercicio absolutista del poder, cubriendo incluso su retirada como imputado de delitos de lesa humanidad. Es necesario entonces dejar en claro las
motivaciones sociales, políticas y jurídicas de quienes integran el Consejo de
Educación Chileno, porque sus conceptos e intenciones van en sentido contrario a lo establecido en Declaraciones y Tratados Internacionales, cuya esencia humanista busca equidad y
no nuevos equilibrismos oprobiosos.
Sea un
grave error u omisión de los mentalizadores del decreto que modifica los libros de texto para escolares, ha quedado en claro que subsisten rezagos fácticos que
no desaprovecharan la oportunidad para retornar al pasado hipotecando el futuro,
mediante la manipulación de las nuevas generaciones, no solo en sus textos sino
en su actitud para llamar las cosas por su nombre: dictadura a lo que es
dictadura, cuyo estigma no puede borrarse o eludirse llevando el debate a si el poder lo ejerce un civil o un militar, porque la culpa de Pinochet no esta en el uniforme ni puede blindarse en las fuerzas armadas, sino en su ejercicio despótico
y totalitario del poder que no puede quedar impune.
Cada
pueblo tiene el derecho a escoger sus procesos y sus líderes ese es un derecho
inalienable que debemos respetar, pero hay hechos que trascienden fronteras
como el sucedido y que lejos de cerrar el debate o reconciliar una sociedad, terminan abriendo la herida y polarizando la opinión, es de desear que no sea una "cortina de humo" para esconder las dificultades del actual gobierno que derrotó a la concertación que por muchos años gobernó Chile buscando un reencuentro nacional luego del periodo dictatorial .
Si alguna duda queda de la magnitud del bodrio, es que luego de tantos años e intentos de sancionar la brutalidad del "régimen militar" para confrontar a sus opositores, queda preguntarnos ¿existe proporción entre el daño provocado a miles de victimas y el reducido numero de implicados que han sido juzgados y sancionados?, recordemos que la mano de hierro no dudo y se ufanó en desaparecer "comunistas" sin formula de juicio por razones de seguridad nacional ante lo cual no había otra vertiente o contrapeso al omnimodo poder militar cuyas armas silenciaban cualquier intento de debate.
Si alguna duda queda de la magnitud del bodrio, es que luego de tantos años e intentos de sancionar la brutalidad del "régimen militar" para confrontar a sus opositores, queda preguntarnos ¿existe proporción entre el daño provocado a miles de victimas y el reducido numero de implicados que han sido juzgados y sancionados?, recordemos que la mano de hierro no dudo y se ufanó en desaparecer "comunistas" sin formula de juicio por razones de seguridad nacional ante lo cual no había otra vertiente o contrapeso al omnimodo poder militar cuyas armas silenciaban cualquier intento de debate.
Quienes aplauden el "decreto" porque este ofrece otra óptica a la sociedad y porque se obtendría una versión equilibrada de la historia, vale preguntarles ¿Si se hubiera podido durante la dictadura de Pinochet haber impedido que no se demonice por todos los medios posibles a los comunistas?, seguramente con su natural “mano dura” no
lo habrían permitido quienes hoy piden que cierren sus casos en los
tribunales y no quieren ser identificados
con una dictadura sino solo con un régimen militar. ¿Decirle una falacia a las nuevas generaciones chilenas, es una opción de equilibrio?
Probablemente
seguirán sosteniendo, que el pecado esta en los hijos de la rebeldía, que no comprenden a los
hijos de la complacencia y menos a ellos los hijos de una pasión alquilada; lo digo así
porque no gustan oír las cosas por su nombre cuando hiere sus sensibilidades y
afecta la memoria de quien buscó eliminar a las personas cuando no pudo hacerlo
con sus ideas, aquello ya sabemos que no lo consideraron un crimen, sino solo una
decisión de Estado o una orden superior a cumplir con disciplina propia de un régimen militar. Solo tuvieron un error: la sociedad no es un cuartel, ni las armas son la Constitución.
Al pan
se lo llama pan y al vino se lo llama vino, Presidente Piñera.
EDUARDO ÁLVAREZ
G.
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