La difusión anónima de un video en You Tube y luego abiertamente reproducido por varios medios de comunicación, ha creado un asqueroso morbo y el desboque de gazmoños haciendo alarde de su moralina, porque en el se observa a alumnas y alumnos de dos colegios de Guayaquil, bailar con sus uniformes en un domicilio privado, el ritmo conocido como perreo caracterizado por marcados movimientos eróticos y seductores.
Este hecho se lo ha declarado casi un atentado a la moral pública por un sector de la sociedad, en una especie de adhesión Incondicional y rutinaria mas a prejuicios que a valores, para ejemplarizar satanizando el baile y condenando los bailarines, tomando como prueba el anónimo video de quien también participaba en el perreo pero decidió hacer la perrada. Pero si lo anterior es cuestionable, lo es mas el hecho de haberse difundido abiertamente “la noticia” por ciertos medios violando ley expresa, mas pensando en el raiting que en los valores exaltados en sus cantaletas a manera de consejos luego de presentar el vídeo sin autorización de los afectados. Si de algún punto debe partir la censura es a lo que vende cada día la televisión, radio y prensa sin embargo nos dicen que solo basta cambiar de canal, no escucharlos ni leerlos, entonces lo que es pecado en otros es libre empresa en ellos (apología del sexo y la violencia) porque lo hacen con su plata.
Hay aspectos que debemos analizar para encontrar similitudes entre este hecho y los que todas las generaciones han realizado, con la única diferencia que este fue filmado y publicado en redes sociales que antes no existían, en segundo lugar lo que para unos es vulgaridad que induce al sexo, para otros puede ser una expresión que identifica una cultura ya que la sociedad solo te devuelve lo que le das. Vale recordar por ejemplo el impacto del tango en su tiempo, tan admirado ahora en sus sugestivos y sensuales movimientos al bailarlo, fue considerado un exceso y así muchos casos se han dad, donde unos primero critican y luego bien que lo disfrutan. Pero volviendo a nuestros tiempos, ¿Quién puede negar la emoción con la que aplauden a los niños y niñas cuando los hacen bailar como mascotas estos mismos ritmos? Los padres aplauden, premian y hasta se sienten orgullosos de sus movimientos bien aprendidos de los mayores y en programas televisivos, donde dan clases, hasta para aprender a bailar en el tubo, al mas puro estilo de un “night club en casa”. ¿Acaso se ha dicho que esto es una publica degradación? no, porque hace rato se hace mas negocio que sociedad.
Se podrá asumir que la permisividad a este hecho nos puede llevar a la desvergüenza, pero que mas vergüenza debe darnos cuando conscientemente respaldamos a los políticos "que roban pero hacen obras" o se soborna delante de los hijos para conseguirles lo mejor, sin embargo nos escandaliza terriblemente que la provocación al bailar sea mayor que antes y para finiquitar la faena se recurre al argumento de la ofensa al uniforme utilizado en el baile al interior de un domicilio. Realmente las primeras reacciones condenatorias terminan por preocupar más que los excesos de los jóvenes, unas porque son la demostración de verdadera ignorancia y otras porque lesionan la dignidad humana y el sentido común, cual verdaderos inquisidores lo primero que pensaron no fue en las razones sino en prender la hoguera bárbara.
Personalmente creo que actuar como si existiera un delito flagrante en base a un video anónimo es muy aventurado y si se encuentran argumentos para “tipificar el delito” este debe sancionarse sin caer en la desproporción porque cuatro chicas ya han sido expulsadas y una veintena suspendidas ni tampoco en el discrimen porque de los jóvenes nada se sabe, pero antes de hablar de la sanción alguien se pregunto con mínimo talante y menos visceralidad ¿Dónde esta el delito? para luego garantizar al menos un debido proceso, como el que tanto exigen rectores y profesores cuando se les ha imputado presuntos delitos de corrupción en los planteles, donde inmediatamente florece el espíritu de cuerpo para impedir sanciones.
Los comentarios son variados pero no deja de sorprender que a las chicas se les haya aplicado con rapidez única el artículo 134 de la Ley Orgánica de Educación, el cual habla de sanciones en el caso de "cometer actos de violencia de hecho o de palabras contra cualquier miembro de la comunidad educativa, autoridades, ciudadanos y colectivos sociales". Si partiéramos que se asume como un acto de violencia el baile en un domicilio, ¿como calificarlo cuando se lo ve en las calles celebrando las fiestas de la ciudad o en las discotecas?.
Otra interpretación originada en el inspector del colegio de los jóvenes respecto a la falta y su gravedad, se centra en “El uso indebido del uniforme y eso conlleva a que el estudiante deba ser sancionado (…) yo considero que falta amor en el hogar, falta amor, respeto, muchos valores que se han perdido”, para esta persona el problema se resolvía si los chicos se cambiaban de ropa o quedaban desnudos, o si en vez de bailar perreo con el uniforme bailaban mejor un pasacalle, ¡que peligro es realmente este inspector!. POR SU POCO AMOR A LA RAZON Y AFERRARSE A PREJUICIOS, sus expresiones marcan el rumbo de la repetición de frases y palabras que hace rato cayeron en la rutina y el descredito, porque si de respeto y valores hablamos hace rato se perdieron en los planteles y muy pocos docentes se resisten a una corriente degenerativa de ejercer autoridad pero sin responsabilidad y discurso sin ejemplo, ¡los alumnos aprenden todo de sus maestros, no solo lo bueno sino también mucho de lo malo que ven en sus planteles!.
Finalmente este viejo problema inesperadamente puesto en la agenda de la autoridad educativa porque apareció en You Tube, ha generado solo LAMENTACIONES Y LLAMADOS, signos inequívocos de agotamiento y poco interés por darle rumbo adecuado y en derecho a lo sucedido, pareciera que es mejor no destapar la olla en un medio donde hace rato huele mal y solo uno cocina y se sirve todo el poder, aquella invocación a “mantener los valores morales y éticos tan perdidos en esta época”, nos confirma el viejo aforismo : a confesión de parte nos releva de pruebas.
Estimados jóvenes equivocados o no, recuerden que no hubo ni habrá generación que no haya buscado expresarse hasta con lo que se considero excesos, unos mas graves que otros, queda solo en vuestra conciencia escoger el camino adecuado para asumir responsablemente sus retos dignamente y a su manera, como lo hicimos otras generaciones que también nos hemos equivocado y mucho, y a sus padres recordarles que la familia se construye en el diálogo, que aquello de que la letra con sangre entra solo dejo heridas y prejuicios que luego reproducimos, sembrando mas temor que respeto y para nuestra sociedad en general: preocupémonos menos y ocupémonos mas, pero de lo sustancial libremente y sin hipocresías mas cercanas de lo farisaico que de la justicia.
EDUARDO ALVAREZ G.
Es increíble la doble moral con que se maneja los discursos, si bien el accionar del baile en cuestión no es una conducta apropiada para la mayoría de los estándares ... tampoco es un pecado capital el pecado en sí parece es hacerlo con el uniforme y el haberse dejado filmar, pobre por las chicas ya que están señaladas y ojalá aprendan que toda acción tiene una consecuencia. Sobre lo demás por que no se ensañado con los chicos, por que se ha permitido explotar el morbo en las noticias, realmente es un episodio que debería enterrarse no sin antes investigar si hubieron adultos que fomentaron el accionar lo cual ahí si debería recaer todo el peso de la ley.
ResponderEliminarMichel