lunes, 18 de julio de 2011

¿A MAS PODER MENOS CONVICCIONES?




A propósito del escenario legislativo en nuestro país, donde se ha producido una nueva mayoría no adepta al Gobierno de Rafael Correa, considero no definitiva pero si tratando de medir el terreno, ha causado la reacción del Presidente calificándola de mayoría corrupta y en sectores de oposición como el inicio de otro escenario donde se suman poco a poco legisladores que antes fueron del oficialista movimiento PAIS, es decir la oposición suma disidentes, independientes y votos en blanco para frenar la agenda legislativa post consulta, pero ¿qué moviliza este drenaje? y ¿cuánto la oposición puede llevar toda esa agua para su molino? y represarla para soltarla en el momento preciso, por ejemplo para aprobar una nueva Ley de Comunicación o archivarla y detener una reorganización de la Función Judicial, pese a lo dispuesto por el pueblo en el Referemdum.


Rafael Correa desde el inicio de su gobierno ha mantenido la mayoría y el control tanto de la Asamblea Constituyente como de la Asamblea Legislativa y gradualmente lo ha perdido, hasta llegarse al punto de encuentro del viejo sistema y el denominado revolucionario, con las consabidas prácticas no tan santas en cuanto a imponer agenda donde el debate es su esencia, eliminándolo de ser posible. Algo tan parecido a la aplanadora de la derecha que negociaba y arrasaba; en esta ocasión algunos califican que se arrasa por sumisión al ejecutivo y no una funcionalidad que sustente la gobernabilidad, se diría que unos por avezados otros por incondicionalidad.

Ciertamente, la política es dinámica y el poder queramos o no aceptarlo se renegocia cada día, más allá del denominado contrato social, y en los Congresos que se integran con disimiles tendencias e intereses, es inevitable, tendría que existir un punto de equilibrio sublime para que aquello deje de suceder, pero cualquier acuerdo entre fuerzas políticas no necesariamente es para beneficio de la ciudadanía y evidencia de aquello tenemos y muchas, por lo tanto los acuerdos no son de satanizar sino las razones por las que se llega incluso a una asociación para lo ilícito, pero sacramentada en la mayoría legislativa, así la ciudadanía no lo apoye.

Corregir esta disfunción legislativa no es fácil menos aún cuando se lo blinda en la autonomía de las funciones, no solo se requiere un Presidente como Rafael Correa sino complementarlo con un grupo político dispuesto a decir NO cuando corresponda, porque asume su rol y no lo abdica como integrante de una de las tres funciones del Estado. El déficit es visible  por ejemplo en la casi imposibilidad de ejercer una tarea fiscalizadora, prueba de que algo no está bien porque llegamos a un extremismo que asume como perfecta y pura una gestión; una cosa es impedir el chantaje y la payasada de quienes solo escandalizan y otra pretender auto limitarse o amputar una facultad Constitucional, es insano invocar la pureza para declarar innecesarios los controles políticos, esto no le hace bien ni al Gobierno y menos a sus legisladores, porque se desgasta la credibilidad de un poder muy personificado, vale aclararlo por la propia voluntad popular sin que aquello se busque corregirlo, lo cual da señales de donde es vulnerable la Revolución Ciudadana.

Ahora ya no están seguros los 63 votos y todo puede pasar en la reacción contra lo hecho por la revolución. Una vez mas la oposición y el oficialismo aunque sumándose representen la mayoría, no les quedará mas que depender de tres o cuatro legisladores que se declaran independientes para desequilibrar a su arbitrio, convirtiéndose en una nueva oligarquía por supuesto de lo mas repudiable.  Pero todo es cíclico, recordemos cuando en una de las Comisiones el oficialismo bloqueó un juicio político con la abstención de un legislador, ahora en el pleno le devolvieron la misma moneda, uno de sus integrante revirados votó en blanco y consumó la victoria de la oposición, por lo tanto quien puede negar que solo se han repetido las prácticas, antes a favor de la revolución ahora de la reacción.¿cual fue la consistencia revolucionaria de los escogidos como representantes de la revolución? o solo se sumó para restar al adversario sin reflexionar.

Se  dice que no hay jardín sin flores ni amor prestado sin traición. El presidente Correa hoy ya lo sabe: lo que se suma para llegar no necesariamente sirve para gobernar, y está pensando en revocarle el mandato a los “desleales” y si es necesario plantear el recurso constitucional para disolver la Función Legislativa mediante el mecanismo de la denominada “muerte cruzada”, mediante la cual pone a disposición su cargo pero hasta que se lo ratifique o rectifique tendrá facultades legislativas también.  Mucho se habla desde el oficialismo que los principios no se negocian pero sin dar precisiones respecto a los fines y compromisos adquiridos bajo la óptica del JUSTO PRECIO MAS QUE LA JUSTA CAUSA, de allí que los insatisfechos se acogen a la mismísima ética y lógica de un náufrago como a la causa que mejor pague. Ya no es época de los camisetazos solo se requiere participar de la dinámica de las mayorías móviles con sus votos muy bien cotizados, que se suman o se restan tanto del oficialismo como de la oposición.

Luego de la Consulta y Referéndum cuyos resultados recién han sido proclamados oficialmente, reconociéndose como triunfador al Gobierno, se consideraba que la voluntad popular desbloquearía la tarea legislativa e impediría vuelva a los pantanos del pasado, porque Rafael Correa sumó poder apelando a la confianza  hacia su persona y llegó al punto más alto de poder político para estructurar otra función del Estado: la sensible Función judicial. Pero a la vez  considero también a encontrado un límite y  un posible punto de inflexión en la curva para hacer realidad su proyecto de cambio en la correlación de poder en la sociedad, porque a mayor poder acumulado crecen los problemas para administrarlo donde cada vez pareciera hay menos conciencia, lo cual enrarece el ambiente, dificulta la visión para dar pasos coherentes, de allí que el Presidente no solo deberá recurrir a las urnas para procesar sus desacuerdos con la oposición sino que lo hará para procesar las diferencias hasta con sus coidearios.

Esta práctica de la democracia directa lo fortalece pero también sin duda lo desgasta si se banaliza, porque la ciudadanía se preguntará ¿Qué sucede en PAIS?, ¿Qué les hace falta que no se lo hayamos otorgado?, ¿Qué buscan? Hay dos posibilidades para interpretar los desacuerdos internos, la primera aquella que motiva a levantarse de la mesa del banquete, porque ven que todos comen pero unos platos permanecen vacios, y la segunda porque la bulimia ha hecho sus efectos en los comensales “mas ordinarios que revolucionarios” y se desató el barullo, sin que el dueño de la fiesta no se haya dado cuenta o lo ha hecho muy tarde auto engañándose.  No todos son corazones ardientes sino pechos fríos a la hora de traicionar la pretendida revolución, ni todas las manos están limpias peor las mentes lúcidas, sin embargo no cabe dar consejos a quien muchas veces los rechaza por considerarlos impertinentes lecciones de moral más aún si tiene el respaldo y la confianza de la mayoría de los ciudadanos.


Viene a mi memoria la “inconformidad histórica” del legislador Rafael de la Cadena quien siendo un profesor de escuela no dio las mejores demostraciones de aquello, allá por los primeros años del retorno a la democracia expresó sus ambiciones e insatisfacciones en un “descarnado sinceramiento” que lo decía todo: “no queremos las migajas del mantel queremos la troncha”, mas allá si tuvo o no razones válidas, el profesor nos demostró que el reparto es la norma y el consenso es la excepción, así como cual es el objetivo final en la lucha por el poder, donde unos hacen discurso para meter la mano con asepsia y modales pero otros no lo sienten necesario, desde su lógica del poder y la valoración de una representación política.


Luego un tristemente célebre ex mandatario nos habló de gobernar con mayorías móviles, que no era otra cosa que tapar la compra diaria de conciencias con dineros públicos, aquello solo terminó como termina aquel que no escucha un viejo consejo “nunca compres lo que vendes”, aquel gobierno traidor terminó burdamente gritando: traición. Nuestro pueblo muy dado a hacer cachos de su desgracia y colocar “motes y chapas” los identificó a aquellos legisladores como DIPUTADOS CON TAXÍMETRO. (Tarifan todo desde el arranque del vehículo hasta el último metro donde te permiten llegar), de allí en adelante bajo cualquier remoquete, el cinismo del chantaje y la ausencia de entereza para impedirlo han sido primera plana en los medios u ocultado cuando el sistema lo requería.

Si algo ya es visible es que el término revolucionario no es para lo ordinario por mucho marketing que le pongas ni le otorga virtudes y menos privilegios, basta observar solo la planicie y rozarla con un dedo para remover el maquillaje en que muchos han incurrido para dimensionar superlativamente a quienes solo han sido diminutivos con mucha codicia.  Una vez mas Rafael Correa deberá jugársela si quiere evitar disminuirse, no le queda mas que una opción válida, pero no hay que amenazar tomarla sino hacerlo inmediatamente para depurarse así sea de los aduladores disfrazados de leales o caudillos locales que se sienten imprescindibles, que suman para llegar pero restan al gobernar, este paso es vital presidente porque lo que no merece llamarse revolución esta demás  en su camino o al menos en su discurso. Su inteligencia, voluntad y virtud están nuevamente a prueba.

Rafael Correa a partir de la nominación del nuevo Fiscal y la nueva conformación del Consejo Nacional de la Judicatura, ha acumulado poder así él diga lo contrario y así lo entienden los comensales  y algunos no dudaran en pretender disfrutarlo quebrando principios, como no cesarán sus deseos quienes ahora están fuera del palacio, aquello se reflejará cada día  en las relaciones de poder y su reparto, pero lo mas importante a considerar será la percepción de la ciudadanía respecto a lo que hace Rafael Correa con todo el poder que se le ha delegado, la duda surge paradójicamente en una certeza: no todos los que rodean al presidente merecen la misma confianza, no califico la naturaleza de ellos sino la gran tentación que le espera a  estos justos.  De incurrir en el mismo pecado, allí en adelante todo puede ser bajada sin nadie que lo detenga, porque muchos se preguntarán ¿qué poder  faltó delegarles? para que la revolución no corra el riesgo de ser solo un reciclaje.

Por ello es necesario salir de la rutina, innovar y sorprender antes que ser sorprendidos, de ser así los tiempos políticos se modificaran y la dinámica será otra para recuperar o mantener la confianza en el Presidente, siendo su mayor activo el desgaste es previsible. Negociar tradicionalmente sabe que puede, pero también que no debe, luchar democráticamente es lo correcto y nuestra Constitución prevé salidas jurídicas, no se trata ya de que el mayor logro de un gobierno que se considera revolucionario sea preservar la democracia con todos su vicios, sino tratar de eliminarlos, probablemente el intento tenga un costo para el gobierno si pierde espacio o cuota de poder legislativa en una nueva elección de parlamentarios, pero habrá generado una nueva cultura política en cuanto a percibir que realmente es democracia y que hacer con ella.

Los límites y tiempo para un poder existen y son necesarios, bajo ningún concepto podemos quedar en un Estado de Derecho sujetos mas a la voluntad de quien ejerce el poder, que de las leyes y una institucionalidad que lo garantice, por lo tanto legitimar el poder obtenido y dar la opción para revocarlo es necesario, solo queda reflexionar en que condiciones se garantiza equidad o privilegios en la contienda, pero no hay otra vía para expresar al menos que ya no tiene buena salud un proceso, que hay que revitalizarlo o es innecesario prolongar la existencia de ciertos actores políticos, así como no debemos postergarlo lo que deberá nacer.

No caben ni ilusiones ni alucinaciones solo queda la autocritica que reivindica cualquier error en el camino, porque se llegará al punto donde la propaganda no llena el vacío de confianza en el que se puede incurrir, porque la veracidad tarde o temprano derrota la manipulación y en el caso de estructurar una mayoría legislativa, pretender seguir haciéndolo sumando como propios los votos que le son ajenos, no lo hacen invencible como algunos piensan.

Si el Presidente aún cada día siente depende mas de la ciudadanía que de sus legisladores, eso es signo de salud democrática siempre y cuando en sus próximos pasos no se esté engañando a sí mismo porque terminamos todos viviendo una gran mentira, que igual duele así fuere por error y sería una tragedia confirmar que por haberles dado mayor poder hayan perdido sus convicciones.

EDUARDO ALVAREZ G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario