miércoles, 27 de julio de 2011

EMILIO PALACIO SE CONDENA A SI MISMO.




Dicen que el hombre es esclavo de lo que dice y amo de lo que calla, en el caso del editorialista Emilio Palacio, solo se le pide que pruebe lo que dice PARA QUE NO SEA ESCLAVO DE SUS SISTEMATICOS EXCESOS y se condene a sí mismo por sus afanes y creencias.

Hace más de un año en mi blog personal http://eduardoalvarezg.blogspot.es/1269872100/, considere necesario expresar mi criterio respecto a  la “Libertad sin ley ni responsabilidad” que se pretende desde conductas como las de Emilio Palacio y los poderes facticos que las privilegian. No puede haber información veraz u opinión seria, por lo tanto enmarcada en la ley, si se estructura mediante ambigüedades, subjetividades, conjeturas, suposiciones e intereses que son comprensibles pero han llegado a extremos indeseables, mediante toda una  HIPOCRESIA INSTITUCIONALIZADA PARA SOMETER LA DIGNIDAD AJENA, como si esto fuera un derecho.

Vale recordar que Emilio Palacio ya fue sentenciado por injurias hace más de un año pero su demandante prefirió desistir de la demanda, con lo cual evito que  cumpla una pena de tres años en prisión, es obvio que el perdón no lo entendió ni la tolerancia a sus inexactitudes las valora, sencillamente nos dejo sin argumento a quienes públicamente sugerimos al  demandante Ing. Camilo Samán que lo perdone por escribir el editorial “Camilo el matón” y no probarlo luego en el juzgado sus temerarios comentarios.

Pero si riesgosa es la conducta de Palacio más grave es la intención de seguir utilizando sus “camorreos” como fuente de una buena oposición política, porque una vez más Palacio ha sido enjuiciado y sentenciado por no poder probar lo que escribe. No solo que ha perdido credibilidad, aunque lo carburen para convulsionar el ambiente político, con él por sanidad publica debe caer un andamiaje dirigido a buscar impunidad en el supuesto conflicto entre el derecho al honor, respeto a la dignidad y  la libertad de expresión e información, asumiendo una cuestionada preeminencia de esta última acogiéndose a  la Declaración de Chapultepec, y promover que “la libertad de expresión no debe ser coartada en función de ningún otro fin”.

Es necesario plantear que dicha declaración esta orientada exclusivamente a promover y defender la libertad de prensa, pero no hay que  olvidar que la prensa no esta libre de intereses o de errores no maliciosos y es imposible plantear una asepsia ideológica en quien informa u opina y que en su momento coartan el derecho de los pueblos a expresarse y auto determinarse. He aquí la manipulación de la libertad que sirve para someter a otros porque la declaración  de Chapultepec garantiza derechos de la prensa asumiendo que ésta representa los derechos del pueblo, nada más lejano a la realidad y antidemocrático porque la representatividad y legalidad se origina en la voluntad popular expresada en las urnas y no mediante una Declaración por muy bien intencionada que ésta sea y hábilmente impulsada a ratificarse por nuestro Estado así perjudique nuestra capacidad de auto determinarnos.

Esta es la cultura que se pretende imponernos a manera de un orden internacional inclusive,  en la cual un derecho surge de la eliminación de otro y de la no igualdad de todos ante la ley, dándole supremacía a la libertad de prensa sobre la dignidad de las personas, por ello no es raro que se plantee en el preámbulo de dicha Declaración una cuestionable aspiración:

Una prensa libre es condición fundamental para que las sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y protejan su libertad. No debe existir ninguna ley o acto de poder que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera sea el medio de comunicación”

Al respecto solo puedo expresar mi adhesión y reconocimiento de supremacía de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo primero reconoce:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en DIGNIDAD Y DERECHOS y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Es un camino pervertido en lo jurídico y lo filosófico, seguir distinguiendo contenido y finalidad de cada derecho, según la conveniencia dicte a quienes ya no hacen periodismo sino activismo político, porque el objetivo supremo de los Derechos Humanos es defender la dignidad humana, la cual ha sido y puede ser afectada por la prensa que no es infalible, en consecuencia no puede atribuirse "ser condición fundamental" para que las sociedades resuelvan sus conflictos, cuando ella también es parte del problema, cuando desvirtúa su rol informativo  por asumir el papel de actores en la lucha por el poder político.

No debe la prensa o específicamente ciertos dueños de medios, seguir atribuyéndose el papel de protector de libertades si a diario las irrespetan y menos plantearse en una declaración que “no debe existir ninguna ley o acto de poder que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera sea el medio de comunicación", ¿Cuál es la razón para asumir a manera de prejuicio y especulación que las leyes solo coartan a la prensa y no la regulan como cualquier actividad en la sociedad?, entonces ¿para que existe el Estado de Derecho?. Mejor hagamos una sociedad al estilo de la prensa rosa donde en las columnas se juzga, mediante una interpretación subjetiva de la libertad, que nos ha degradado  en nombre de divertirnos acudiendo a las mas bajas elementalidades por ser un gran negocio.


Basta revisar el articulo NO MAS MENTIRAS de Emilio Palacio,  que motivo la demanda del Presidente Correa, y comprobar que el editorialista parte de un supuesto y se aprovecha para hacer una acusación e imputar un delito por el cual Rafael Correa podría ser procesado hasta por la Corte Penal Internacional. ¿Cuáles son las pruebas  de Emilio Palacio?, a él le correspondía demostrar sus afirmaciones en un juzgado si sus convicciones y pruebas son firmes, pero la advertencia de Palacio es solo un paso de una estrategia política cuyo objetivo es estigmatizar a Correa como autor de un delito de lesa humanidad que es imprescriptible, por lo tanto si no rectificaba el editorialista, su articulo podría ser utilizado como prueba para procesarlo y mas aun si el Presidente dejaba de ejercer su derecho a la defensa de su buen nombre y sustanciarlo el hecho judicialmente.

La punta del ovillo está  mantener el escándalo y no resolverlo en un debido proceso, aduciendo que lo ha dicho un periodista  sin animo de injuriar, cuyo derecho a informar esta por encima de la dignidad de los demás y no hay ley que deba "coartarlo", así continuarán las pugnas de Palacio irrespetando a quien quiera a su libre albedrío. Esto solo ha servido para que en la lucha por el poder sea fácil generar una oposición política utilizando a la prensa. La crisis de liderazgo político en la oposición ha agudizado esta  distorsión social y desnuda lo que ha sido un abuso impune y anti democrático, que no duda en degenerar una cultura para lograr sus objetivos. Los políticos no pueden renunciar a tener mas confianza que la que se ha otorgado a si mismo la prensa y menos en sus horas bajas recurrir a ellos para delegarles su tarea.

Hablar de persecución judicial no es nuevo en quienes infringen la ley, los malos políticos han usado esta argucia  mas cerca de sus ambiciones que de las razones, para desgastar a quien ejerce el poder, en este caso a Correa no le pueden negar que su poder y representación es legal pero si desestabilizarlo aduciendo que su poder está deslegitimado por perseguir judicialmente a la prensa y ser el responsable de las victimas del rescate cuando fue secuestrado. 

En nuestro país  libremente en los medios de comunicación han planteado tanto políticos como periodistas su rechazo a lo que consideran un abuso de poder, unos en forma responsable y razonada lo cual apoyamos y otros como Emilio Palacio en forma irreflexiva e irrespetuosa, olvidando que la disciplina de la civilización es la disciplina de la libertad como lo expreso el filosofo de derecha Friedrich August Von Hayek. Es muy cierto señor Palacio que toda persona sea o no periodista es un animal político pero cuidando de no convertirse en un político animal, si algo prueba aquello es que Correa sigue ganando cabalgando en la poca confianza de la gente aun en la oposición y esta no atina a superarse pese a los ya visibles errores del gobierno. ¿sera que el rabo de paja de algunos les impide acercarse a la candela?.


Muchos ciudadanos con los que he dialogado sean adeptos o desafectos al gobierno, coinciden en que Palacio jamás debió afirmar y acusar al Presidente de “haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente” y que debió rectificar y concluir el mal entendido y posterior litigio. 


Si no presenta pruebas Palacio aun en la instancia de apelación, y se burla de la tolerancia ha sus imparables desatinos y del perdón ya recibido, bajo ningún concepto la sentencia y condena puede entenderse  como persecución judicial de periodistas y medios de prensa, la mejor prueba de lo dicho es que NO SE DISCUTE YA LA INOCENCIA DE PALACIO sino que la sentencia fue muy rápida y desproporcionada, lo cual será motivo de análisis en un próximo artículo así como la reacción por incluir en la condena al medio de comunicación (Diario El Universo).

Finalmente, una vez más considero que hasta el más abyecto de los adversarios merece ser respetado en su dignidad y no sometérselo a ningún abuso de poder cuyo origen sea la argumentación de una libertad sin disciplina y sin leyes. Seguir en la línea de la astucia para reemplazar la inteligencia, de verdad que ofende y aquello es visible en el ofrecimiento del medio para evitar la condena, porque no es lo mismo  RECTIFICAR que ACLARAR, lo primero es una obligación jurídica y ética de quien emitió algo que no tiene sustento ni veracidad y lo segundo es un derecho que puede o no hacerse uso si el ofendido lo desea, porque quien emite la ofensa debe corregir si no demuestra la culpabilidad de quien imputo irresponsablemente y no el ofendido "aclarar" su inocencia así le otorguen generosamente sus agresores la primera plana en el medio de su propiedad, porque entonces hay que admitir que para ciertas personas la libertad es un imposible de comprender y practicar.


Jamás apoyaría una pena degradante o el retorno al castigo bárbaro y por convicción defiendo el valor de la dignidad. Rectifique señor Emilio Palacio, haga uso de la racionalidad, fortalezca su voluntad para no caer nuevamente en la tentación de ofender, y haga buen uso de su libre albedrío,  porque todo esta claro, usted no prueba lo que afirma y se condena a si mismo, discrepe, es necesario lo apoyamos pero no ofenda, así contribuirá mejor a la sociedad, que andar incendiándola con las mismas  politiquerías que critica, usted dice que no prende fuego porque lo esconde bajo el manto de periodista pero el humo lo delata. Hay que aprender a ser un señor de nuestras acciones.


EDUARDO ALVAREZ G.



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