jueves, 31 de marzo de 2011

¿LEALTAD A LAS PERSONAS O A LAS IDEAS?




Solo se confirman sospechas, al observar una serie de decisiones para consolidar el manejo fáctico de una institución del Estado, mediante el “saca y pon” o encargos, de "directores a la medida" para consumir el presupuesto en la época de su más alto flujo, un apetitoso bocado por el cual se pueden juntar el agua y el aceite o hacer posible que vuelen los burros, el pueblo tiene una frase que lo grafica muy bien: se juntan en la mesa el hambre y la necesidad.


"Los caminos de la lealtad son siempre rectos" decía Charles Dickens, sirve para recordarnos que la lealtad es un valor que implica un alto sentido de compromiso con las personas que respetamos y nos respetan, pero no la obligación de obrar contra  la ley, porque estaríamos hablando entonces de la incondicionalidad para ser desleal a las instituciones y sus valores, como a las aspiraciones del pueblo  a la primera oportunidad que tienen para lograr inconfesables propósitos. 
El objetivo es obvio, basta observar los mecanismos para direccionar contratos y su concentración, evadiendo el portal de compras públicas o manipulando los comités de calificación de ofertas, se requiere mínimas investigaciones más allá de donde buscan las auditorias rutinarias, porque nada es casual sino muy premeditado para subordinar funcionarios e instituciones, a una aparente coordinación técnica y control político, bajo el argumento de cuidar los intereses del gobierno pero cada vez mas lejos de la ley y normas administrativas transparentes, porque la mano gorda de la influencia, decide todo sin firmar nada para eximirse de toda responsabilidad ante cualquier fracaso que quede al descubierto.
Al verificar procesos internos de optimización de recursos y cumplimiento de objetivos institucionales, se hacen visibles los condicionamientos reflejados en la permisividad lograda para ciertos contratistas “ungidos” vía injerencia indebida, para que sus ganancias se garanticen aun cuando pierda el Estado, mediante la inacción o favorecimiento en cuanto a precios, plazos y especificaciones no cumplidas, lo cual no puede ni debe permitirse por cualquier director que se precie de respeto a sí mismo, es inadmisible tolerar o sobrevivir en el cargo subordinando a la institución que debería administrar y potencializar para dar repuestas técnicas a una de las mayores demandas sociales insatisfechas (infraestructura educativa).
Tamaña eficiencia en beneficio propio es la dimensión de la deficiencia para servir a la educación con el mayor presupuesto de la historia, al menos en esta regional la repuesta técnica a una demanda social está condicionada a un interés particular, para nada revolucionario y menos leal a sus ejes doctrinarios, considero que existe un abuso de confianza hacia quien les ha entregado su respaldo, bien valdría preguntarse a niveles mayores ¿porque dicha autoridad es intocable y crece su manejo fáctico?, algo que se cae por su peso si vemos como sus asesores han ido cubriendo espacios estratégicos para consolidar una mecánica y dinámica muy propia de la típica bulimia de poder, por supuesto no nos compete pedir la separación de ningún funcionario pero si exigir apego a la ley y postulados de quien elegimos, precisamente para que desaparezcan estos especímenes  depredadores de la fe pública.
Bajo el requisito de la incondicionalidad y funcionalidad a intereses que deben ser investigados, no se puede seguir nombrando o encargando instituciones cuyo destino debería ser otro y no el sembrado de dudas respecto al uso eficiente de su presupuesto para una educación pública de calidad como lo busca el mandatario. Sin duda en  el quehacer político dicen que conviene más practicar la lealtad a las personas en el poder, pero jamás debe dejar de ser uno mismo, suceda lo que suceda y por ello  cuando la circunstancia nos obliga a definir entre estos dos caminos, prefiero el rumbo de la lealtad a las ideas para apoyar y sostener el fruto de nuestras convicciones políticas.
Si se ordena investigar, lo más probable es que se ratifique un abuso de confianza y lo más grave que pueda ser ya un sistema consolidado, que activa sus mecanismos para defender acciones fácticas, beneficios personales, mediante una mezcla de arrogancia e impunidad que se disfraza de obediencia y lealtad ante el Presidente que no todo lo puede saber y mucho sabe apreciar a quienes dicen defenderlo de sus enemigos políticos, pero siempre será saludable distinguir entre la necesaria lealtad a las personas y la vital lealtad a la causa justa, para que no muera la revolución y viva la patria, en aquello estaremos siempre para no dejar solos a quienes la defienden mientras otros solo la traicionan.
Sino recordemos el beso de Judas o el golpe de Caín, tan certeros los dos para que la astucia prevalezca sobre la inteligencia y la virtud o la conciencia se apague por unas monedas.
EDUARDO R. ALVAREZ G.
tomado del blog Poder Ciudadano.
http://eduardoalvarezg.blogspot.es/

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